Hace pocos días, la neurocirujana me dijo que ya no podré andar bien sobre todo porque la operación para reducir la fractura de la cabeza del fémur izquierdo, anterior a la suya, quedó bien, sí, pero... el músculo correspondiente está débil aún y dificultado por la cicatriz, ha perdido espacio y elasticidad para regenerarse por completo.
Así pues, esta mañana, con Laura algo pachucha, la obligo a quedarse en casa y yo bajo a tomar mi cafetín y hago la compra mañanera. Ida y vuelta son bastante lentas aunque hago valer mi seguridad andando muy despacio con la silla de ruedas como andador. No es largo el camino, pero sí la calle está en cuesta, por tanto, son mayores esfuerzo y cansancio.
Después de todo, logro mi propósito. Parafraseando a Neil Armstrong: "Un pequeño paso para otros, pero un avance para mí".
Tricente Ramos El rebote tras el lanzamiento de Tomic fué precisamente eso, un rebote, puesto que el balón tocó el aro y se transforma de acción de tiro en rebote por lo que no se pueden aplicar las normas que rigen para la interceptación de balones en un tiro del atacante.

















Eso que te pasa proviene del hipocampo, donde hay unas células que se encargan de gestionar la memoria. Estas células se localizan en una especie de lóbulo en el borde del hipocampo llamado giro dentado, cuya función es conectar con la corteza prefrontal, donde se almacenan los recuerdos. La interconexión se hace por medio de la sinapsis interneuronal, la clásica unión química ente los terminales (axones). Esa gestión es lo maravilloso del asunto, pues precisa de filtros adecuados; además, en la corteza prefrontal ya hay más sitio (actúa en esto de la memoria como una biblioteca), pero también es el lugar desde donde actúan las emociones, que de alguna forma se asocian a estos recuerdos. Según sea “la intensidad” de esas emociones asociadas a un determinado recuerdo, las recordaremos de forma más o menos nítida.