viernes, 3 de mayo de 2019

AYER Y HOY


 
El Día de la Comunidad hubiera sido un 2 de Mayo más para Laura y para mí de no tener una particularidad que lo hizo destacar.
                Por la tarde, regresamos de dar un paseo; entramos en el portal, abrimos el ascensor y presiono el botón de nuestro piso; vamos de pie como cada vez. La cabina arranca, pero… a unos sesenta centímetros del suelo, debe ‘pensar’: “Es fiesta, necesito descansar aunque sea un rato”. Y, naturalmente, se detiene sin consultarnos. Nos deja encerrados y de pie. De inmediato, doy al botón de alarma, responden desde la central que mandan a alguien.
                Mientras, sale un vecino y otro y otro que ayudan como pueden. El primero nos sugiere llamar a los bomberos, algo que ya Laura intenta, consigue y, tras ello, la voluntad de los de fuera, sigue colaborando; las puertas de la cabina, abiertas y una de ellas en ángulo agudo con su carril. Entre todos logramos abrir la silla para yo poder estar sentado y no cansarme.
               
 No sé si la empresa enviaría a alguien, creo que no. La policía corta la calle. Los bomberos llegan en minutos nos preguntan si estamos bien y, tras nuestro sí ¡manos a la obra! Desconectan la luz un rato y, tirando de las poleas que sujetan la cabina, logran dejarla a nivel del suelo. En poco tiempo pues, los dos salimos; sin embargo, me queda lo más costoso: con la barandilla de la escalera a izquierdas, subir hasta casa. Empiezo despacio, con Laura atenta a cualquier contingencia y, tras muchísimo esfuerzo, consigo alcanzar la meta.
               

Reposo lo suficiente -está anocheciendo- y, con horas por delante, me preparo para ‘la que se avecina’ dado que hoy, aunque los operarios están ya trabajando en el asunto cuando salimos temprano, he de bajar andando los cuatro pisos; de todas formas, tengo muy buen sabor de boca por el doble logro. Al regreso, está resuelto el problema y podemos salir una segunda vez ¡menos mal!
Son las dieciséis horas  y, acabando de escribir el relato, vuelvo a escuchar la alarma. Otra vez idéntica “movida” a la nuestra ayer, con diferente protagonista.
Me faltan adjetivos para descalificar a los ¿reparadores?

miércoles, 24 de abril de 2019

"PIEDRECILLAS"



 El pasado lunes 21, fui con Laura  al ambulatorio para que la doctora me viese el dedo en resorte. Al llegar, encontramos que el ascensor está averiado y he de bajar a consultas por escaleras ayudándome como puedo; ya abajo, suelo recién fregado por lo que ¡una miaja más de precaución! Poca  antesala, pero la doctora no está, hay una suplente que, menos mal, nos atiende correctamente y me manda una radiografía para adelantar tiempo.
            Satisfechos por el trato recibido, a la salida, le preguntamos al celador  por la médico y nos cuenta que se ha ido forzada por su circunstancia -llevaba todos estos años como interina de la anterior, la plaza no la ganó por oposición-. Lástima pues ya le había cogido el tranquillo a mi situación. Así que, cuando me reciba la nueva titular ¡otra vez a contar la peculiar historia de mi enfermedad!
            Volvemos a casa y, en la acera, dos motos bien aparcadas ¡entre las señales del lugar reservado para minusválidos en la calzada! Laura, no se corta, me acompaña a casa y emplea unos minutos para escribir sendas notas que coloca en ambas con cinta aislante. Lo más inaudito es que cuando telefonea posteriormente a la Policía Municipal para comunicar lo ocurrido, la ‘funcionaria?’ al otro extremo contesta: “¿Pero pudo usted sacar la silla de ruedas del vehículo?”  Tras la respuesta afirmativa de ella, la ’funcionaria?’ responde: ¡Ah, bueno! Y debió exhalar un enorme suspiro de alivio.

miércoles, 17 de abril de 2019

EXPERIENCIAS OPUESTAS


Ayer, donde tomo café, vi a una joven pareja con su hijita de no más de tres años. Se fijaron en mí al observar que entraba con dificultoso andar y eso propició su pregunta, en cierto sentido indiscreta, pero, sin duda, llena de curiosidad. Les conté someramente mi caso y se asombraron. Acababan de regresar del hospital donde su nena, por un virus, había sufrido un ataque epiléptico e incluso perdido un instante la conciencia y, por lógica, estaban preocupados, así que, les tranquilicé lo más que pude, pero verme fue lo que más les calmó.
A Laura le pedí luego que les enseñara la foto de mi lesión; entonces, sí que se quedaron pasmados y…con más sosiego que, para mí, tras todo lo hablado, fue lo importante…mi obra buena del día.
Hoy, voy a comprar tabaco. Al salir del estanco, una señora me mira y me suelta: “¡Si no fumara, andaría mejor!”; me sorprende tanto su frase que me impide contestarla de inmediato: “¡Usted qué sabrá por qué ando mal, meticona!”. Sin embargo, a continuación, pienso: “Si le hubiese dicho lo que se merecía, habría perdido toda la razón” pues la habría respondido con palabras fuertes; así, fue una ‘piedrecilla’ de la mañana.
Además, aseguran dos refranes: “¿Quién hace caso de medios días habiendo días enteros?” “A palabras necias, oídos sordos” o, con un lenguaje más rimbombante, “A palabras incongruentes, Trompas de Eustaquio en estado de interceptación”.

martes, 9 de abril de 2019

AVANCE

Hace pocos días, la neurocirujana me dijo que ya no podré andar bien sobre todo porque la operación para reducir la fractura de la cabeza del fémur izquierdo, anterior a la suya, quedó bien, sí, pero... el músculo correspondiente está débil aún y dificultado por la cicatriz, ha perdido espacio y elasticidad para regenerarse por completo.
    Así pues, esta mañana, con Laura algo pachucha, la obligo a quedarse en casa y yo bajo a tomar mi cafetín y hago la compra mañanera. Ida y vuelta son bastante lentas aunque hago valer mi seguridad andando muy despacio con la silla de ruedas como andador. No es largo el camino, pero sí la calle está en cuesta, por tanto, son mayores esfuerzo y cansancio.
      Después de todo, logro mi propósito. Parafraseando a Neil Armstrong: "Un pequeño paso para otros, pero un avance para mí". 

martes, 2 de abril de 2019




¡PRUEBA SUPERADA!
(Escrito por Laura)

Ayer recibo una carta certificada de la Junta Electoral. Me han designado como presidente/vocal suplente de mesa. ¡Qué ilusión! El sueño de mi vida: pasarme 14 o 15 horas de un domingo metida en una sala sin ver la luz del sol…
Inmediatamente, veo la lista de Excusas para librarme. Una de ellas es “tener entre 65 y 70 años… renuncia voluntaria”. ¡La mía!
Por si eso no es suficiente, hago fotocopia del Dictamen de Minusvalía de Rafael. Más vale ir preparada.
Esta tarde, Rafael se ofrece a acompañarme y nos vamos a la Junta Electoral de Zona, en la calle Manuel Luna.
Ahora entiendo por qué ese barrio se llama Estrecho. La calle en cuestión es estrechuca, en cuesta y las aceras tienen el ancho mínimo para que pase una silla de ruedas… ¡con una farola en medio, cada pocos metros! Además, en ese tramo de calle, hay 3 talleres mecánicos con sus vados correspondientes. Por si fuera poco, tenemos que dar una vuelta a la manzana y aparcar dos calles más arriba. Delante de la Junta, no hay ninguna plaza para Personas de Movilidad Reducida.
La excursión se convierte en una Gymkana: meto a Rafael sentado en su silla de ruedas por mitad de la calzada, con todos los coches de frente. Cuando llegamos a la oficina, no hay rebaje en la acera, la puerta –de entrada y salida- es estrecha y desemboca en el arco de seguridad y el escáner. Ni os cuento la maniobra en doble ese que tengo que hacer.
La verdad es que todo el mundo se muestra colaborador y amable y, en cuestión de minutos, terminamos la gestión.
Cuando salimos, el policía de servicio y el del escáner se ofrecen amablemente a echarnos una mano. Mano que aceptamos, pues aquello es tan estrecho, que temo volcar la silla y que Rafael acabe con sus maltrechos huesos en el asfalto.
Lo “divertido” es que, durante el rato que dura la maniobra, todo se para. Primero, porque formamos un tapón en la puerta y segundo, porque las dos personas de seguridad están echándonos una mano.
El policía, mirando la acera hacia arriba con ojos de espanto, me pregunta: “¿Por dónde van a subir?” Contestación: “Por la calzada. Vamos a subir delante de los coches”.
Y… dicho y hecho. ¡¡Pa’rriba!! Con un buen par de… ¡narices!


miércoles, 20 de marzo de 2019

EQUINOCCIO Y EQUILUX


El equinoccio de primavera será hoy 20 de marzo de 2019 a las 22,58 horas; en ese momento, entrará la nueva estación astronómica. Las horas de luz y oscuridad se igualan...pero no exactamente pues el sol se pone para nosotros cuando su centro está en el horizonte, pero hasta que no se oculta por completo hay diferencia de medio minuto debido a la refracción atmosférica. Sin embargo, el instante exacto de la paridad día-noche, se produjo el pasado día 17, el día del equilux, cuando la inclinación del eje terrestre respecto de su plano fue idéntica en ambos hemisferios y mientras en el norte comienza la primavera, en el sur, empieza el otoño.




    Un comentario posterior asegura que hoy, contra lo que se suele creer, el día ha durado unos 15 minutos más que la noche.

lunes, 4 de marzo de 2019


RECUERDOS

Cuando el Valencia CF se clasificó para la próxima final de la Copa del Rey de fútbol a dirimir con el FC Barcelona, inmediatamente me vino el recuerdo de otra final entre ambos equipos que vencieron los ‘chés’ ¡en 1954!
            Recordé, casi sin equivocarme, las alineaciones de los dos conjuntos, pero, sobre todo que, al término de aquel encuentro, Quique, portero de los vencedores, se encaramó al larguero de la portería sur del entonces estadio de Chamartín.



Quizá debido a mi enfermedad de nacimiento, soy proclive a preguntarme sobre el funcionamiento  del cerebro y ese recuerdo me llevó a hacerlo. ¿Dónde almacenamos información tan antigua o más si cabe…? ¿Cuál es el mecanismo químico que provoca su veloz llegada a la memoria actual…? ¿Qué camino sigue en el “viaje”…? Preguntas, estas tres y otras muchas cuyas contestaciones ignoro como quizá las desconozcan hoy los investigadores pues el cerebro sigue siendo, creo, el arcano del organismo humano.

Añado este comentario de mi compañero y amigo

Kurt7 de marzo de 2019, 10:56
Del cerebro se va sabiendo mucho pero se sigue conociendo poco, Rafa.
Eso que te pasa proviene del hipocampo, donde hay unas células que se encargan de gestionar la memoria. Estas células se localizan en una especie de lóbulo en el borde del hipocampo llamado giro dentado, cuya función es conectar con la corteza prefrontal, donde se almacenan los recuerdos. La interconexión se hace por medio de la sinapsis interneuronal, la clásica unión química ente los terminales (axones). Esa gestión es lo maravilloso del asunto, pues precisa de filtros adecuados; además, en la corteza prefrontal ya hay más sitio (actúa en esto de la memoria como una biblioteca), pero también es el lugar desde donde actúan las emociones, que de alguna forma se asocian a estos recuerdos. Según sea “la intensidad” de esas emociones asociadas a un determinado recuerdo, las recordaremos de forma más o menos nítida.