sábado, 28 de diciembre de 2019

DEMOSTRACIÓN DE CARIÑO

El pasado verano, mi sobrino-nieto Óscar, de tres años, ya me enseñó su gran humanidad cuando me vio andar dificultosamente, le dije el porqué y me respondió "yo te ayudo". Ahora en Navidad, ha vuelto desde Holanda, donde vive con sus padres, para pasar estas fiestas en Madrid. Aprovechando la oportunidad, vamos a pasar un rato con mi sobrina, su marido y sus dos hijos. Pues bien, Óscar me ve llegar en la silla de ruedas; nada más ponerme en pie para saludar a todos ¡oh maravilla! el niño deja lo que está haciendo y se lanza sobre mis piernas, dándome un largo abrazo en ellas, contento de verme, como si él, con tres años y medio, hubiese intuido que yo podía no acudir y, en consecuencia, que no me vería.
            La verdad, para mí supuso un momento encantador, hasta tal punto, que casi se me saltan las lágrimas de emoción. Desde ese momento, todo fue, como se canta en el villancico,  alegría, alegría y placer.