lunes, 15 de enero de 2018

He regresado de la doctora de rehabilitación y me ha encontrado estupendo -con buen equilibrio- dentro de mis dificultades; me ha prescrito un andador y 60 sesiones más; así que... genial. Ahora son los factores externos los que más me incordian, pero, al menos, veo una luz al final: la meta sé que aún está lejana, mas, si el tiempo atmosférico y la vida me lo permiten, la alcanzaré. Seguiré adelante sí o sí.

jueves, 23 de marzo de 2017

SABER ESTAR... ...Y SER

SABER ESTAR …
 (Transcrito de Selecciones del Reader’s Digest - Dicbre. 2016)
Dar el pésame
“El  marido de una amiga acaba de fallecer. No lo conocía mucho, pero, aún así, lo lamento”.

Todos sabemos lo que hay que hacer en una situación como ésta: escribir una tarjeta con nuestras condolencias y enviarla de inmediato. Pero ¿y si no tienes una tarjeta a mano? ¿O no sabes dónde se venden ahora? ¿O no tienes a mano la dirección o no se te ocurre buscarla en la agenda hasta las 11,30 de la noche cuando ya estás en la cama y te acuerdas de que no has enviado la tarjeta? Te sientes fatal por no haberlo hecho, pero estás tan a gusto acostado que no quieres levantarte ni ponerte a hacer nada.
         Cuando se trata de dar un pésame no hay límite de tiempo, dice una experta en el tema. De hecho, puede ser más reconfortante para quien está pasando una situación difícil recibirlo un poco después de la oleada inicial de atención, cuando la vida de todo el mundo ha vuelto a la “normalidad”. Si entonces envías la nota incluso por correo electrónico, ella la apreciará más.

Lo anterior es solo un ejemplo para introducir el escrito que sigue.

… Y SER
El pasado mes de noviembre tuve que pasar irremisiblemente por el quirófano y salí del hospital diez días después. Una vez en casa, tuve alguna visita que me hizo compañía y recibí bastantes correos interesándose por mi salud. A mediados de enero, hubo una charla y, antes de la presentación del ponente, quien lo hizo comentó mi situación y la de otra persona que también pasaba, a nivel de salud, momentos complicados; además, pidió expresamente alguna muestra de interés y afecto hacia nosotros por parte de los asistentes al acto.
         Al enterarme del otro percance, de inmediato, telefoneé al afectado
para que me diese detalles de su estado; hablamos unos minutos, supe las causas de su problema y me quedé a gusto porque hice lo que me pedía el cuerpo y, pienso que, a este amigo le di unos instantes de mayor paz y ánimo; en definitiva, un querer compartir que, espero, fuese un granito de arena para su recuperación.
         En mi caso, desde aquel día, he recibido solamente un mail mostrando interés de los asistentes a aquel acto que, ignoro cuántos serían, pero, imagino,  que más de uno.
Y me pregunto: ¿Cualquiera de estas personas se considera amiga mía? Yo, desde luego, tengo una concepción muy diferente de lo que significa  la verdadera amistad. Todos tenemos a diario  quehaceres más o menos importantes o urgentes, mas, si queremos, somos capaces de hallar pequeños huecos para  una persona que los necesita y, con mayor motivo, si se la consideramos amiga después de haberla recuperado tras más de medio siglo. Éste fue uno de los principios vitales que me enseñaron mis padres y los profesores que tuve en Primaria y Bachiller.
Un aviso para terminar: Si alguno de aquellos asistentes el pasado enero o alguno de la lista general  lee estas líneas y cambia de actitud, esa
variación habrá perdido mucho valor pues no saldrá del sentir personal, pero, también es muy cierto: MÁS VALE TARDE QUE NUNCA.




martes, 10 de enero de 2017

DOS INTERVENCIONES QUIRÚRGICAS

Padezco una lesión cerebral desde antes de nacer “Convivir con el enemigo” (febrero 2013). Sin hacerme revisiones desde mucho tiempo atrás, ante una asomada dificultad en el andar, decido con mi mujer que es hora de actualizar mi estado de salud y vuelvo a ponerme en manos de los galenos; la lesión está como siempre, pero, debajo, hay un edema de líquido cefalorraquídeo que, pienso, es el causante del problema; de hecho, llevo algún tiempo utilizando una silla de ruedas para desplazamientos largos regalada por mis amigos del colegio. 
       Los pasados 24 y 29 de abril de 2016, caigo de bruces; el traumatólogo al que acudo, en la radiografía, descubre una fractura subcapital del fémur izquierdo y recomienda reposo casi absoluto al que no presto demasiada atención; de ahí que, días después, comenta que la fractura está peor y hay que operar. Me lo pienso dos minutos en la calle y… la intervención me la realiza el 12 de mayo colocando tres clavos de 10 centímetros de longitud para reducirla.

Fractura subcapital

Clavos


Grapas

Cicatriz

Me recupero bastante rápido de la operación, pero los problemas al caminar subsisten y, además, mi cuerpo se va escorando a la izquierda de forma ostensible, véase la muestra:



         Al regresar de las vacaciones, la neurocirujana pide, previamente, me haga una resonancia magnética de la columna y me cita para cuando tenga los resultados; estos revelan que la tengo hecha una pena aunque lo más importante es que las cervicales están provocando una estenosis del canal medular lo cual impide transmisión correcta de información a las piernas; si ese defecto no se corrige ¡YA! puede provocar, en relativamente poco tiempo, incontinencia de esfínteres y hasta demencia.

                                                                           Estenosis medular cervical
                    Ante tan negro futuro, no me queda otra opción que pasar de nuevo por el quirófano. La intervención, laminectomía cervical posterior y artrodesis, se programa la inicial del viernes 11 de noviembre, casualidades de la vida, aniversario de mi primera cirugía, también en idéntico día de la semana, pero de 1949.
             Entro a las ocho de la mañana, salgo a las tres de la tarde. voy directo a la sala de reanimación y, pocas horas después, me suben a planta; solo permanezco hospitalizado diez días aunque, el sábado 19, pido permiso a la doctora para salir a un bar cercano a ver por televisión el Atlético de Madrid-Real Madrid, permiso que me concede. 
            
Viendo el partido con Laura y David, mi cuidador
                  
        La intervención es un éxito completo. Estos son el TAC postquirúrgico y el informe correspondiente:

Imagen desde arriba

Imagen desde la izquierda



Imagen desde atrás
   



Mi postura erguida al salir del hospital

              Pero, aún hoy, arrastro un virus, las pseudomonas, cogido en el quirófano del centro sanitario, muy resistente a antibióticos que me tiene fastidiadísimo y algo débil, aparte de que sigo con bastantes Dolores -no son chavalas estupendas para mayor desgracia- que se agudizan porque me muevo lo más que puedo, pero, por dentro, la herida, todavía está muy tierna y, de rehabilitación, tras reclamarla previamente, solo llevo tres sesiones de media hora desde el pasado 23 de diciembre.
               Así las cosas, tomo dosis diarias de Aguantopol para combatir la ansiedad y Pastillas Macabeo contra el cabreo por no mejorar con la celeridad que desearía.
               De todas formas, escribo desde el corazón: MIL GRACIAS a todos por  el apoyo incondicional antes y ahora; sin tanto ánimo, silencioso o hablado, en este instante, no se leerían mis palabras porque... NO ESTARÍAN ESCRITAS.

                                 

lunes, 4 de julio de 2016

EL “OTRO” TOUR DEL BERNABÉU …
por Laura Ramos y Rafael Gª-Fojeda

… o la Odisea de una Persona de Movilidad Reducida para acceder al Concierto “Plácido en el Alma”
Desde el mes de marzo, que recibimos por parte del Real Madrid el anuncio de que iba a haber un concierto homenaje al gran tenor y madridista Plácido Domingo el 29 de junio, decidimos que no nos lo queríamos perder y nos pusimos en contacto, en primer lugar, con la oficina de Atención al Socio del Real Madrid y en segundo lugar, con la Fundación del Real Madrid, que era quien gestionaba las entradas.
El motivo de ponernos en contacto directamente es que mi marido, Rafael, socio del Real Madrid desde hace más de 50 años y persona de movilidad reducida, ha experimentado un enorme descenso en su movilidad y queríamos asegurarnos de que podíamos conseguir unas entradas lo más accesibles posible.
La persona que nos atendió nos aseguró que no estaba previsto el que hubiera entradas especiales para personas de movilidad reducida, pero que lo hablaría y lo estudiarían para conseguirnos las entradas más adecuadas.
En aquel momento, mi marido se movía con muleta, aunque contemplamos la posibilidad de ir en silla de ruedas y así se lo hicimos saber a esta persona. Desgraciadamente, el día 12 de mayo, tuvieron que operarle de una rotura en la cabeza del fémur, con lo que ahora sí que tiene que desplazarse en silla de ruedas.
Tras varios correos –un total de 10 o 12- de ida y vuelta entre la Fundación y nosotros, nos comunicaron que, efectivamente, nos habían reservado unas entradas idóneas, al lado del pasillo para que pudiéramos acceder fácilmente.
Las entradas son: Puerta 6 – sector 102 – fila 20, asientos 1, 3 y 5.
Cuando llegamos a la Puerta 6, lo primero que nos encontramos son dos escalones irregulares y que hay que acceder por un torno. La persona que está validando los códigos de barras nos dice que por allí no podemos pasar de ninguna manera. Tras un encendido diálogo, aparece un guardia de seguridad, indicándonos que el único medio de acceder en silla de ruedas es que nos dirijamos a la puerta 51… que está “aquí al lado” (sic).
Tras recorrer más de medio estadio por fuera, sorteando miles de espectadores que se dirigen a las 31 puertas de acceso que hay entre la 6 y la 51, empujando la silla de ruedas y rebanando más de una espinilla, nos recibe una señora “de armas tomar”, diciéndonos que nuestras entradas son para acceder por la puerta 6 y que, de ninguna manera, podemos entrar por allí. Además, en el caso de que hubiera algún sitio disponible en aquella zona, solo podría entrar el minusválido con un acompañante; de ninguna forma podría acompañarnos una tercera persona, como era nuestro caso… y el de varias familias que se habían acumulado detrás de nosotros.
Nos negamos en rotundo a movernos de allí mientras no aparezca alguien que nos permita el acceso por donde sea, pues hemos pagado una cantidad respetable por las 3 entradas. En ese momento, aparece un guardia de seguridad asegurando que ya se ha cubierto el aforo en aquella zona y que les podrían denunciar si nos dejaran pasar.
En vista de ello, y ya casi sobre la hora de inicio del espectáculo, volvemos sobre nuestros pasos, empujando la silla y atravesando las riadas de espectadores, y nos “plantamos” nuevamente ante la tan mencionada puerta 6. Y digo “plantamos” literalmente: Habíamos pagado por ver el concierto y nada ni nadie nos lo iba a impedir.
Ante nuestra actitud, uno de los empleados de Prosegur –nuestro ángel de la guarda- nos tomó bajo su protección y llamó a sus jefes, quienes, walkitalki en mano, nos llevaron ¡otra vez! hacia la puerta 51, pero, a mitad de camino, se ve que hablaron con algún superior y nos guiaron a través de las cocinas de la zona VIP para acceder “por la trastienda”. Una vez dentro, y con la silla de ruedas a buen recaudo, nuestro ángel de la guarda llevó en volandas a mi marido por tres tramos de escaleras, bien empinadas y de no menos de 15 peldaños cada uno, más un tramo de pasillo a nuestras localidades. ¡¡¡Por fin!!!
Me parece no solo una falta de sensibilidad absoluta sino una burla cruel vender unas entradas “de fácil acceso a un minusválido” a las que solo se puede acceder a través de: dos escalones + torno + dos escalones + tres tramos de empinadas escaleras, dos de bajada y uno de subida + más pasillo y pequeño escalón-trampa junto al asiento.
Al final del espectáculo, solo tuve que buscar a nuestro particular “guardaespaldas” para que nuevamente ayudara a mi marido a salir a la calle. Si no es por él, aún seguiríamos frente a los tornos del Estadio Bernabéu… Desde aquí, nuestro reconocimiento y agradecimiento hacía él.
Tras tamaña “perfecta” organización, el concierto -más de cuatro horas de música variada- una pasada, hasta tal extremo que casi nos hizo olvidar a Laura, a mi hermana y a mí la tensión acumulada antes y durante el acceso al estadio; fueron más de cuatro horas de música variada sin intermedio que nos encantaron; incluyo el enlace por si apetece escucharlo y verlo.

Después de la fatal experiencia de organización vivida, estoy pensando en hacerme “colchonero”.